Publicidad: adoctrinamiento de masas (Parte 1)

Ronald Berman (Berman, 1981, p.115) pensaba que la publicidad forma, en gran manera, nuestra imagen de este mundo. Los anuncios recrean nuestra propia sociedad de dos formas principalmente: “organizándose alrededor de la vida industrial y respondiendo a las presiones de tal vida”. De esta forma definimos las dos primeras fases de una economía de mercado: "Fase uno: encontrar (o fabricar) una necesidad de los consumidores que no esté siendo atendida adecuadamente. Fase dos: Diseñar un producto que el consumidor pueda y quiera pagar".
Qualter, en el citado libro, con el que comenzamos este artículo, indica que el consumo es la única exhortación de la publicidad comercial. Salir a la calle sin consumir, induce extrañas y extravagantes sospechas. Lo que no implique un consumo, una transacción económica, no está dentro del “pensamiento único”, de lo normalizado socialmente, de lo correcto.


Eso se traslada no sólo a la publicidad, sino a comedias de situación de grandes audiencias (imaginen cualquiera), a películas, y en general a todo nuestro imaginario colectivo mediático. Aunque se pretenda comunicar lo contrario, se piensa esa filosofía de vida mediático-consumista como asumida por la población.
La publicidad cohesiona la ideología del capitalismo, extendiéndola a través de los medios, y omitiendo los discursos alternativos o marginales. Además está presente en todos los eventos o situaciones de ocio que solemos disfrutar, desde la decoración de un bar de copas, pasando por las salas de cine, hasta nuestro programa favorito en televisión (Qualter, 1994).
Publicidad: adoctrinamiento de masas (Parte 2)
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Fuente: "Contrapublicidad y valores alternativos", por Alfonso Cortés, en www.razonypalabra.org.mx/N/n67/varia/acortes.html
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