1.12.10

En Respuesta Al Publicista

Ahí vamos, a ubicarnos indefectiblemente en nuestros puestos: los de más allá, los de entremedio y los de más acá, también. Marchando en fila, todos por igual, azotados por el látigo severo de nuestros propios temores. ¡Prendan las radios y los televisores que comienza una nueva jornada! Psicoterror en los medios, publicidad y más publicidad, entretenimiento y más diversión para matar el tiempo. Para matarnos de risa... Se aburre quien no ha aprendido a vivir - dicen-, y, en verdad, nosotros más miedo le tenemos al aburrimiento que a los mismos terroristas. "¡Animate a más!" "¡Viví la emoción!" "¡Disfrutá el sabor!" "¡Yes, we can!"
Si encerramos nuestra alma en el Banco, ¿obtendremos la ansiada seguridad? Creemos que nadie podría protegerla mejor. A cambio, los amos del dinero nos piden "cada día más".

Seguimos levantando, entonces, ladrillo sobre ladrillo, los muros invisibles de nuestra propia prisión -prisión del cuerpo y prisión de la conciencia- para responder a las obligaciones financieras con arreglo a los compromisos asumidos y la legalidad vigente. Nos guste o no, así están las cosas: las deudas contraidas por los ricos, las pagamos los pobres. Así que apretamos los dientes aún más fuerte para seguir sobreviviendo. Se nos va la vida en nuestra odisea hacia fin de mes. Pero, "¡No pienses en eso!", intenta persuadirnos la sonrisa plástica de un publicista: "¡Pasala bien! ¡Divertite! ¡Tomate la vida más light!". Encontraremos consuelo, tal vez, en las ofertas del supermercado, en las promociones de fin de semana o quizás en el amor con que construimos las celdas perpetuas para nuestros propios hijos. Allí estarán a salvo de la inseguridad. ¡Del terrorismo! ¡De la Pandemia! ¡De la Violencia! Nuevos muertos confirmaron las conjeturas... ¡Qué tremendo..! ¿Acaso estaremos a salvo en algún lugar? ¿Qué dirán en el noticiero: habrá más muertes? ¡Quizás el servicio metereológico nos de una buena noticia hoy!

Día tras día, como robots - ¡legiones de robots!-, cooperamos maquinalmente con un sistema de imposición y control, donde la misma palabra libertad ha sido vaciada de todo sentido, de todo valor. Ha caducado. Las próximas generaciones no sabrán cómo pronunciarla si quiera... Se extinguirá.
Somos la materia humana deshumanizada: somos los bastardos del mercado de los monopolios, ciegos e ignorantes. Desconocedores de nuestra propia naturaleza, somos poco más que la fuerza mecánica que usan los tiranos y los manipuladores para sostener su monstruoso edificio carcelario. Se descubre ante nuestra mirada incrédula, monumental e inabarcable, el panóptico global del "Gran Hermano" Orwelliano, construido y sostenido con el esfuerzo indeclinable de sus propios prisioneros.

Y sin embargo, no es más que una ilusión; una persistente ilusión. Y sin embargo, aún arde en nuestro interior una llama desfalleciente que clama justicia. ¡A quienes nos taparon los ojos reprocharemos nuestra ceguera! ¡Criminales: saquen la venda electrónica del rostro de nuestros niños!
¡Ey propagandistas, ey publicistas y demás mercaderes de la conciencia! ¡Despierten, hermanos!, y entiendan que ni el rey comería... si el labrador no labrase.


Julián Pellegrini
Proyecto Squatters
¡Saltá la valla!

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