20.11.10

La Imperceptible Censura Ideológica que Ejerce el Mercado (Según el Modelo de Propaganda de Noam Chomsky)

Desde el siglo XIX, la publicidad es el determinante por antonomasia de la rentabilidad económica de los periódicos; un hecho que podemos comprobar, un siglo después, trasladado a la saturación publicitaria de la televisión (donde muchos programas, como determinadas teleseries, se hacen para la publicidad). Así exponen Chomsky y Herman esta dictadura secreta del imperativo comercial:

"Con anterioridad al auge de la publicidad, el precio de un periódico debía cubrir todos los costes. Con el crecimiento de ésta, los periódicos que atraían anuncios podían permitirse un precio por ejemplar muy por debajo de los costes de producción. Ello representó una seria desventaja para los periódicos que carecían de anuncios: sus precios tendían a aumentar, reduciendo sus ventas y dejándoles un menor superávit para invertir y mejorar sus posibilidades de promoción (...). Por esta razón, un sistema basado en la publicidad llevaba a la disolución o a la marginación de las empresas y los géneros de comunicación que dependían exclusivamente de los beneficios obtenidos por las ventas. Con la publicidad, el mercado libre no ofrece un sistema neutral en el que finalmente decide el comprador. Las elecciones de los anunciantes son las que influyen en la prosperidad y la supervivencia de los medios". (Chomsky y Herman, 1990: 43).


La publicidad, además de constituir un modo indirecto de censura, ha provocado la obsesión por las audiencias, que tan nefastos resultados culturales genera en la televisión actual.

Lógicamente, el campo de discusiones y temas, la cultura resultante se caracterizará por “cuestiones secundarias o poco comprometidas” (Chomsky y Herman, 1990: 47), además de, podríamos decir, el reino del entretenimiento fácil y de todo aquello que sea comercial, vendible, alejado de profundidades abstrusas y visiones críticas molestas. Los anunciantes, en consecuencia, suelen apoyar programas que concuerden ideológicamente con ellos (a saber, contenidos que no osen poner en tela de juicio la ideología corporativa dominante): “Las grandes empresas que se anuncian en la televisión”, dicen los autores, “raramente patrocinarán programas que aborden serias críticas a las actividades empresariales” (Chomsky y Herman, 1990: 48).

La operatoria de censura imperceptible se realiza en virtud de la lógica mercantilista. Simplemente: si alguna información (especialmente antiempresarial) agrede a los anunciantes, la información desaparece. Fundamentalmente por dos motivos: por un lado, si desaparecen los anunciantes, desaparece el negocio y luego, el medio; y por otro lado, los mismos anunciantes son en muchos casos accionistas de los consorcios mediáticos.


ILUSIONES NECESARIAS: "LIBERTAD DE PRENSA".

Los medios de comunicación masiva, en tanto dispositivos del Aparato de Propaganda del Poder, están encomendados, antes que nada, a guiar ideológicamente a las masas; pero no funcionan a la manera del sistema de propaganda de un estado totalitario. Por el contrario, permiten -e incluso fomentan- enérgicos debates, críticas y disidencias, en tanto permanezcan fielmente dentro del sistema de presupuestos y principios que constituyen el consenso de la elite, un sistema tan poderoso que puede ser interiorizado en su mayor parte, sin tener conciencia de ello.

De modo que sí pueden darse situaciones de debate alrededor de temas donde la élite presente opiniones divididas, pero siempre dentro de lo que Chomsky ha conceptualizado en "Ilusiones necesarias" como “límites de lo expresable” (1992a); es decir, límites institucionales del discurso.

Las audiencias son susceptibles de introyectar estos límites y parámetros que les impone el mismo sistema que los oprime, hasta el punto de creer que pueden elegir (cfr. Horkheimer y Adorno, 1998: 165-212).
Los propios periodistas, en el modelo de Chomsky y Herman, introyectan los valores, y pervive así la ilusión (necesaria) de la “libertad de prensa”.


 
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Adaptación SQS de la Investigación de Antonio Pineda Cachero: El modelo de propaganda de Noam Chomsky: medios mainstream y control del pensamiento

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